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El cielo brillaba. Cap i cua 4.1

Un día más el cielo brillaba. Apenas podía verse una nube vagando a través de él. El viento de levante refrescaba la tarde y traía sonidos de niños jugando en un parque cercano.

Salió a pasear, sin un rumbo fijo, sin horarios, sin el objetivo de encontrarse con nadie. Simplemente quería caminar y que sus pies decidieran cuál sería el mejor sitio para pararse. A su lado pasaban los bancos, los bordes de las aceras, las señales y semáforos… más tarde los álamos, la gravilla, las matas de florecillas amarillas… pero su cabeza seguía en blanco, sin objetivo fijo, sin nada en que pensar, o quizás evitando pensar en todo.

El cielo empezó a tomar tonos anaranjados, y el ambiente a moverse de forma apresurada anunciando la noche que se acercaba. Se sentó a descansar sobre una piedra y a observar su entorno. A su frente había una vieja nave industrial abandonada. Grafiteros, gamberros y yonkis habían dejado sus huellas. A través de sus vidrios rotos entraban y salían pizpiretas varias golondrinas encargándose de alimentar a su prole. A ambos lados de la nave habían sendos algarrobos, marcas de otro tiempo donde más que un árbol fue un símbolo milenario. Sobre el fondo naranja, rosa, verde y azul eléctrico, las gaviotas volvían a la playa después de pasar el día comiendo en el vertedero comarcal.

No pudo resistir la curiosidad de entrar en la nave y comprobar su interior antes de que todo quedase en penumbra. Mientras se acercaba, la hierba le acariciaba los pies a través de los huecos de las sandalias. La hierba acabó, y el suelo se volvió de cemento. La puerta estaba abierta. Dirigió su mirada al interior y lo primero que vio fue un las formas deformes en el suelo de una rectángulo iluminado con su silueta en medio, y varios haces de luz de los cristales rotos. Continuó adentrándose y forzó la vista para observar que guardaba aquel lugar entre sus muros. Era un lugar amplio, con una única nave principal y varias habitaciones pequeñas al fondo, separadas por múltiples ventanas y un altillo.

A un lado de la sala, antiguas máquinas aguardaban bajo kilos de polvo y telarañas, al otro lado los restos de basura de una rave todavía podían verse (botellas, vasos, papelas vacías…). Lo que más le llamó la atención fue ver en medio de la sala un sofá, cubierto por una sábana, como si fuera lo único que se intentaba preservar. Se acercó al sofá, lo descubrió un Chester de color verde botella con una Fender Mustang Competition del ’69 azul apoyada sobre él. Dos joyas en medio de la nada con la única proteccción de una sábana.

La sorpresa no acabó allí, se sentó en el sofá y cogió la guitarra. Le faltaban la primera y la quinta cuerda, sin embargo, cuando la tocó estaba afinada.

(continuará…)

About bayolet

Una senyora personatge a qui li agrada pensar que viu dins d'un conte triant la propera aventura

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