La mala educació

   Sempre m’ha cridat la atenció la gent que no saluda. Gent amb la que has compartit experiències, moments que ja seran irrepetibles, i que a millor o a pitjor, també t’han configurat com a persona. I un dia decideixen ignorar la teua existència i deixar de saludar-te, tot i que sigues com jo, una senyora de metre setanta sis vestida amb colors cridaners i amb els cabells en constant evolució. Personalment només he retirat el salut després de cansar-me de rebre el silenci com a resposta al meu innocent “Hola!” , però, tot i així, m’he sentit estranya, com si tinguera al grillet xiuxiuejant-me a l’orella que això no estava bé.

Per un moment m’agradaria posar-me al cap d’eixa gent i vore que pensen. Ha de ser quelcom paregut a un “xinxa rabinya, ja no t’ajunte” però amb llenguatge d’adult… pensant-ho bé no crec que ni els aplegue per a poder elaborar-ho més. La situació és encara més pròpia d’un acudit quan es tracta de regidors i regidores d’un ajuntament, amb els quals tractes per diferents motius. Definitivament s’hauria de fer alguna mena de test que certificara les capacitats dels possibles càrrecs públics.

En fi, aquesta cançó vos la dedique a vosaltres, gent que treieu el salut, acompanyada d’una rialla i el desig que sigueu feliços i felices.

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Superman de a pie

Pater

Ayer, en cosa de minutos mi vida pudo dar un gran vuelco. Lo que anteayer era un problema de gran envergadura pasó a un segundo plano de forma flasheada atropellado por la adrenalina del momento.

Mi padre, el todopoderoso, el superman de a pie, en su vuelo tuvo un tropezón que pudo haber sido una caída en picado. Cuando ves tan cerca la posible pérdida de alguien como él, inconscientemente llegas a imaginar como sería la vida sin su ir y venir, su organizar callado y constante, su cabezonería y sus chistes malos. Y no me pude hacer a la idea. Sólo el pensarlo me sobrecoge de tal manera que no puedo evitar ponerme a temblar.

Afortunadamente, sólo ha sido un ¡ay! acompañado de una nocturnidad del hospital, y alguna comprobación extra que queda por recibir, y en unos días volverá a casa con las pilas cargadas, aunque le pienso esconder el cargador, no sea que vuelva a abusar de la energía.

La nota cómica es que una de las cosas que más le han fastidiado no es estar comiendo sosísimo o vestir en pijama, sino perderse ir de público a la contrarreloj de la Vuelta a España que se correrá mañana en Valencia. En fin. Así es él.

Septiembre

alaquàs

Se acerca septiembre y estoy emocionada porque llegue. Poco a poco los días empiezan a hacerse cortos, la luz es algo más tenue, y se cierra otro año.

Para mí los años empiezan en septiembre. Acaba el tiempo de relax, de viajes, aventuras, noches sin fin… y vuelven los planes, las expectativas, las ilusiones de cara al tiempo que comienza.

Además, en Alaquàs las fiestas también son en septiembre.  A modo de despedida del tiempo estival, durante más de quince días las calles se llenan de gente, de pólvora, de música, de trajes de todo tipo y todos los tiempos… cada persona aporta su granito para hacer que todo sea disfrute. Siempre he pensado que nuestras fiestas son el legado de nuestros antiguos que las eligieron en estas fechas para despedir el verano a lo grande y reengancharse con un dulce sabor de boca.

¡Tengo tantas ganas de que lleguen las fiestas y de darlo todo en las calles! Pero sobretodo de reencontrarme con la rutina en serio, que hace mucho tiempo que no le veo el pelo y me viene haciendo falta. Es curioso como es siempre la inconformidad la que manda y acabamos echando de menos aquello que mirábamos de forma rancia. En fin.

Septiembre está tocando. ¡¡Toc, toc!!

¡Voy a abrirle!

Necesidad audiovisual

Fire bulb

Esta semana no he podido escribir mucho porque ya han empezado los temidos exámenes. Sin embargo, de este fin de semana se me ha quedado algo en el tintero que contar, algo que me parece muy curioso.

El sábado pasado se fué la luz en todo Alaquàs, y me consta que en parte de Aldaia.  Nos quedamos sin luz justamente cuando yo llegué a casa con Toneta, con lo que me tocó subir los cuatro pisos cargándola. Tras recuperarme, me percaté de que tampoco podía estudiar, ya que la gran mayoría de los apuntes los tengo en formato electrónico. Se hacía de noche y no teníamos tele, ni radio y en casa no somos de comprar revistas. Así que me asomé por la ventana.

Cuál fué mi sorpresa al comprobar que todo el barrio estaba asomado a la ventana, contemplando la calle. La verdad es que en mi barrio, como en muchos otros,  no suele pasar nada interesante: pasan los coches, un gato callejero camina por la acera, las “paquitas” del barrio se sientan en los bancos a hacer la tertulia, lo normal. Sin embargo ahí estábamos todos, mirando la calle.

Nos hemos acostumbrado de tal manera a ver imágenes en movimiento acompañadas de sonidos, que sin tele la opción de ocio alternativa fué la misma para todos: !Vamos a mirar por la ventana!