El cielo brillaba. Cap i cua 4.2

(Si no has leído la primera parte, éste es el enlace)

No sabía que hora podría ser pero ya había oscurecido. Se percató de que bajo su espalda había un cable. El yak de la guitarra. Se asomó sobre el sofá y encontró un pequeño amplificador que estaba enchufado a una regleta que salía del suelo. Lo encendió, conectó el yak y aprovechando la intimidad del momento se marcó unos acordes.

Sentía como su cuerpo renacía a medida que tocaba, como si un impulso eléctrico recorriera sus venas y las llenara de energía, de vitalidad. Le dio más volumen al amplificador y empezó a cantar con todas sus fuerzas. La nave de devolvía el sonido en forma de eco. Cuando paró oyó un aplauso a su espalda.

Una bombilla iluminó las ventanas del altillo. Al cabo de los segundos, apareció a contraluz una silueta masculina asomada tras una de las que había abiertas. No pudo reconocerle los rasgos, sin embargo, adivinó su pelo largo y claro. En hombre permaneció en la ventana y dijo con un acento extranjero:

– Tienes un gran talento, has hecho que esa vieja guitarra grite como hacía mucho tiempo que nadie le hacía gritar.

– ¿Es suya?-respondió- Lo siento, no quería.. pensaba que.. que estaba abandonada.

– No te preocupes, puedes tocarla cuanto quieras siempre y cuando vuelvas a dejarla donde estaba.

– No, si yo.. no quiero molestar.. ye me iba y…

– En serio, no te preocupes toca cuánto quieras. ¿Te importa que baje a sentarme para escucharte? Ese Chester es demasiado cómodo como para quedarse de espectador de pie.

Encogió los hombros, lo que el hombre interpretó como un” me da lo mismo” se adentró en la habitación y despareció de la ventana. Se apagó la luz y en pocos minutos, la luz de un candil iluminaba los pasos del hombre acercándose al sofá e iluminándolo. Lo dejó en el suelo y extendió su mano para presentarse. Se llamaba Grant.

Normalmente le molestaba tocar para alguien, sin embargo, el tal Grant, le transmitía, confianza, serenidad. Le observaba como si fuera Jimmy Hendrix por lo menos, cuando a parte de parar cuando veía que la falta de las dos cuerdas, las melodías eran versiones mal tocadas de grupos míticos.

Le cedió la guitarra y mientras él comenzó a tocar de forma virtuosa, le pasó por la cabeza hacerle algunas preguntas al enigmático personaje de la nave abandonada.

Grant le contó, casi le cantó, que fue había sido un guitarrista de mucho éxito en un grupo que estuvo de moda en el Reino Unido. Que quisieron salir del cliché en el que los habían encasillado y obtuvieron por respuesta el olvido por parte de la crítica y del público. Afortunadamente había ganado el dinero suficiente para poder mantenerse el resto de su vida y dedicarse a disfrutarla, a hacer lo que le apeteciese. Hacía unos meses había llegado haciendo en una furgoneta junto con su Chester y su Fender a aquella nave, había vendido la furgoneta y se había comprado una bicicleta para poder ir al pueblo a comprar, hacer excursiones por la zona… y de momento no tenía fecha de partida fijada.

Pasaron las horas y las compartieron como si fueran viejos amigos regalándose viejas canciones, chistes, horas de conversación sobre nada en concreto y sobre cosas tan importantes como el futuro de la literatura en verso,  y sin darse cuenta, en el exterior los rayos de luz comenzaron a iluminarlo todo. Era la señal de que había llegado el momento de marcharse.

Se despidió con un gran abrazo y le prometió visitarle. Se dirigió al exterior y una vez en la puerta un soplo de brisa fresca matinal le despertó la mirada, tuvo que entornar los ojos para adaptarse a la luz. El cielo brillaba, y aquella noche había sido de las mejores de su vida.

Superman de a pie

Pater

Ayer, en cosa de minutos mi vida pudo dar un gran vuelco. Lo que anteayer era un problema de gran envergadura pasó a un segundo plano de forma flasheada atropellado por la adrenalina del momento.

Mi padre, el todopoderoso, el superman de a pie, en su vuelo tuvo un tropezón que pudo haber sido una caída en picado. Cuando ves tan cerca la posible pérdida de alguien como él, inconscientemente llegas a imaginar como sería la vida sin su ir y venir, su organizar callado y constante, su cabezonería y sus chistes malos. Y no me pude hacer a la idea. Sólo el pensarlo me sobrecoge de tal manera que no puedo evitar ponerme a temblar.

Afortunadamente, sólo ha sido un ¡ay! acompañado de una nocturnidad del hospital, y alguna comprobación extra que queda por recibir, y en unos días volverá a casa con las pilas cargadas, aunque le pienso esconder el cargador, no sea que vuelva a abusar de la energía.

La nota cómica es que una de las cosas que más le han fastidiado no es estar comiendo sosísimo o vestir en pijama, sino perderse ir de público a la contrarreloj de la Vuelta a España que se correrá mañana en Valencia. En fin. Así es él.

Summer Time

És estiu, i com la majoria de la gent, m’estic dedicant a golfejar tot el que està al meu abast. Aquesta és la raó de que tinga el blog tan abandonadet, criatura. Però bo, sempre és millor viure que passar-se la vida esperant que aplegue el moment addient per a fer-ho. O siga que, si és que hi ha algú que llija aquesta porqueria a la qual jo anomene blog, ho sent, si em coneixes crida’m i se n’anirem de quintos o el que calga. De moment un clàsic, i ja vorem quan i en quines circuntàncies torne a apareixer: